sábado, 4 de junio de 2016

Muerte de una leyenda

Al margen de las consideraciones que a cada cual merezca el boxeo, es indudable que el recientemente fallecido Muhammad Ali, antes conocido como Cassius Clay, ha sido una leyenda cuya dimensión trasciende la práctica deportiva. Sus achaques de salud venían de lejos y su muerte se ha producido por problemas respiratorios a los 74 años. No obstante, al triple campeón del mundo de los pesos pesados le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson en 1984, solo cuatro años después de abandonar el ejercicio del deporte que le hizo célebre. Con él se ha ido una figura mítica, posiblemente el mejor boxeador de todos los tiempos. Además, influyó de forma muy notable en su generación, tanto en el ámbito político como en el de los derechos sociales.
Siendo todavía amateur, consiguió la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960 y, ya como profesional, se hizo con el título de los pesos pesados cuatro años más tarde, con solo 22 años. Diez años después recuperó su cetro, y también en 1978. De esta manera, se convirtió en el primer boxeador en ostentar en tres ocasiones un título mundial de esa categoría. A lo largo de su carrera disputó 61 combates, que se saldaron con 56 victorias.
En las décadas de los 60 y los 70, Ali tuvo una enorme popularidad en todo el mundo, sobre todo en los países más pobres y en los que predominaba el Islam. A su favor jugaban sus demostraciones de orgullo por ser afroamericano, así como su vinculación con el grupo denominado la Nación del Islam. Ese acercamiento se inició a finales de los 50, pero inició su conversión en 1961. En esa decisión influyó de forma decisiva su amistad con Malcolm X, quien le apoyó antes del importante combate contra Sonny Liston al considerar que una victoria de Ali probaría la superioridad del Islam en el mundo, como si esa pelea pusiera a cada lado del ring a cristianos y musulmanes. Para entonces, Malcolm X había sido suspendido en la Nación del Islam por diversos comentarios poco afortunados acerca del asesinato de John Fitzgerald Kennedy.
Ali fue modulando la opinión que le merecía su propio país. Del orgullo por los Estados Unidos a comienzos de los 60 pasó a una posición más crítica a partir de la guerra de Vietnam. En 1966 fue calificado apto para el servicio militar tras haber sido incapacitado en 1964 tras un examen para determinar su cociente intelectual. Pero Ali se negó a ser reclutado alegando objeción de conciencia y sus adhesión a los principios de la Nación del Islam y pronunció una frase que le enemistaría con los gobiernos estadounidenses de la época: "No tengo problemas con los vietcong... porque ningún vietcong me ha llamado 'nigger'". Se refería así a un término peyorativo para referirse a una persona de raza negra. Ali fue condenado a un ostracismo que pudo costarle su carrera, aunque regresó con combates memorables como su triunfo ante el argentino Óscar 'Ringo' Bonaneva en 1970 o su derrota ante el campeón mundial Joe Frazier en 1971.
A partir de su retirada tuvo que luchar contra el mal de Parkinson y fue espaciando cada vez más sus apariciones públicas. Quien dijera de sí mismo que era el más grande se casó en cuatro ocasiones y tuvo ocho hijos. En 1996 realizó el último relevo de la antorcha olímpica en los Juegos de Atlanta. En el 84 ya había sido portador de la llama olímpica camino a Los Angeles y en 2012 estuvo presente en la ceremonia de apertura de los Juegos de Londres. También intervino en política, de forma un tanto confusa, ya que primero respaldó a Jimmy Carter y después a Ronald Reagan, aunque le unía una buena amistad con el pastor Jesse Jackson. A pesar de que tras su reciente hospitalización se dijo que su estado de salud no revestía gravedad, finalmente falleció este pasado viernes en Phoenix.


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