miércoles, 9 de diciembre de 2015

Tentar a la suerte

La Navidad no deja de ser una suma de costumbres y ritos bien asentados en el tiempo, con origen religioso pero adaptada y desarrollada de forma caleidoscópica. Es tiempo de relaciones familiares, de vivir con mayor intensidad las emociones en las que, a menudo, apenas reparamos el resto del año. Es momento para los buenos deseos, para llenar el año siguiente de propósitos que nos hagan mejorar. Y son, también, fechas para probar suerte con algo tan arraigado como la lotería. De adquirir y compartir décimos en la esperanza de que el bienestar material se sume al que nos aporta equilibrio en el resto de facetas personales. El de Navidad es un sorteo especial, que trasciende ampliamente el significado de un mero juego de azar para convertirse en nexo de unión entre todos los que comparten números y expectativas.
El próximo día 22 gran parte de la atención mediática y ciudadana estará centrada en el sorteo que se llevará a cabo en el salón de loterías instalado en el Teatro Real de Madrid por cuarto año consecutivo. Pero su origen se remonta a la época de las Cortes de Cádiz cuando se puso en marcha "para aumentar los ingresos del erario público". Se dio a conocer como 'Lotería Moderna', en contraposición a la 'Lotería Primitiva' iniciada por el marqués de Esquilache, y el primer sorteo tuvo lugar el 18 de diciembre de 1812. La denominación actual de 'Sorteo de Navidad' no llegaría hasta el 23 de diciembre de 1892, aunque tardaría cinco años más en aparecer impresa en los boletos. Lo que ha permanecido invariable es que sean los niños de San Ildefonso los encargados de cantar los números premiados, impresos en papeles hasta 1913, año en el que se fijó el sistema de bombos y bolas de madera que conocemos a día de hoy. En la actualidad la fecha del 22 es fija y el sorteo reparte un premio máximo con un valor de cuatro millones de euros.
En lo que se refiere a los lugares que se han llevado más premios gordos, la lista está encabezada por Madrid (en 76 ocasiones) y Barcelona (40). El ranking de los cinco primeros se completa, ya por provincias, con Valencia (25), Sevilla (17) y Cádiz (16). Bizkaia se sitúa inmediatamente después, ya que se ha llevado el premio principal en 15 ocasiones. Algunas no saben lo que supone acoger el número más preciado. Se trata de Ávila, Huelva, Tarragona y Zamora. No hace falta ser un as de las matemáticas para reparar en que las provincias con más habitantes y donde más se gasta son las que tienen más probabilidades de dar con el máximo agraciado, aunque a partir de esa premisa las hay por encima y por debajo de lo que les correspondería en puridad aritmética.
El sorteo de Navidad consta de 160 series de 100.000 billetes cada una, con un precio de 32.000 euros para cada número completo. Bajando de escala, el importe de cada billete es de 200 euros, dividido, como es tradicional, en décimos de 20 euros. Se destina a premios el 70% de la emisión y el resto se va en gastos de gestión, administración y Tesoro Público. La viñeta de los décimos de este año lleva una imagen de la adoración de los pastores, óleo realizado por Juan del Castillo en el siglo XVII que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Para quienes se queden con las manos vacías en Navidad siempre queda la opción del sorteo del Niño. Este es mucho más reciente y goza de menor tradición histórica, aunque se ha convertido en una especie de segunda vuelta del sorteo genuino. Tuvo lugar por primera vez en la inmediata posguerra, en 1941 concretamente, aunque no recibió su denominación actual hasta 1966, precisamente por su coincidencia cronológica con la festividad de los Reyes Magos.


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