jueves, 8 de octubre de 2015

Va de previsiones

Aunque la credibilidad de la institución autora del mismo esté en barbecho, cualquier informe que contenga previsiones acerca del devenir de la economía mundial provoca un respingo en los países aludidos. La crisis ha dejado una profunda huella en Europa y todo lo que suponga escrutar el futuro económico provoca un inusitado interés en la opinión pública y en los gobernantes. El Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene fama de muchas cosas, pero no de errar por generoso en sus previsiones. Estos días ha rebajado a la baja las perspectivas de la gran mayoría de países del mundo, por la confluencia de tres factores principales que han originado una especie de tormenta económica perfecta. A saber: la desaceleración de la economía china y su efecto negativo en los intercambios comerciales; el desplome del precio de las materias primas, especialmente del crudo; y la posibilidad cierta de que la política monetaria expansiva en los Estados Unidos esté llegando a su fin.
Todo ello lleva al FMI a rebajar aún más las previsiones que ya venía rebajando desde hace algunos meses. El crecimiento mundial para 2015 se fijó en abril en el 3,5%, en julio en el 3,3% y ahora en el 3,1%, con una rebaja de una décima para los países desarrollados y de dos para los emergentes. Entre las 16 grandes economías cuya situación desmenuza el Fondo, doce sufren previsiones a la baja y sólo cuatro (Francia, Italia, España y Reino Unido) se mantienen o mejoran lo anunciado en meses anteriores. El caso español es bastante particular en este contexto de cierto desánimo y de ambiente económico desangelado. En abril, la previsión era de un crecimiento del 2,5% para este año y del 2% para 2016. Tres meses después mejoró a un 3,1% y a un 2,5% respectivamente. Y ahora se consolida en lo dicho en julio.
Así, siempre que se cumplan los vaticinios del FMI, la española será la economía desarrollada con el mayor crecimiento del PIB este año, mientras que en 2016 sólo se verá superada por la de Estados Unidos, a la que se adjudica un alza del 2,8%. El Gobierno de Rajoy, por su parte, estima las mejoras en un 3,3% para 2015 y en el 3,1% para el año que viene. Además prevé que ese crecimiento se refleje en el índice de paro. El año pasado se crearon medio millón de puestos de trabajo y se espera repetir cifra a 31 de diciembre. Ello posibilitaría que baje el desempleo, al 21,8% este año y al 19,9% el que viene. El problema radica en que el nivel de paro es aún escandaloso y en que los puestos de trabajo creados son de baja calidad y duración en muchísimos casos. A este ritmo tendrán que pasar muchos años para que la situación mejore sensiblemente y más aún para volver a los niveles anteriores a la crisis.
Siempre es mejor que las previsiones sean halagüeñas a que sean sombrías, pero no es suficiente con que los indicadores macroeconómicos soplen a favor. Las situaciones de emergencia social acompañan al paro y a la precariedad, y queda mucho por hacer en ambos ámbitos. Quien se sugestione con las previsiones y la mejoría actual sin tener la perspectiva suficiente para ser plenamente consciente de los grandes desafíos pendientes se equivocará de lleno. La angustia de la crisis atenaza aún a muchísimas familias.


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