domingo, 4 de octubre de 2015

25 años de Alemania

Que se cumplan ya 25 años desde que Alemania volvió a ser una constata la rapidez del paso del tiempo. Parece casi que fue ayer cuando se produjo una concatenación de hechos largamente esperada: la caída del muro, el colapso de la República Democrática Alemana y su posterior absorción por parte del Estado hermano con capital en Bonn. Mijaíl Gorbachov, líder soviético en 1990, fue uno de los actores principales que hicieron posible la reunificación germana, junto al canciller Helmut Kohl y pocos más. Los recelos de franceses y británicos, que junto a norteamericanos y soviéticos administraron lo que quedó de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, se hicieron patentes desde el primer momento. El recuerdo de las dos grandes contiendas del siglo XX les llevó a adoptar una posición de frialdad ante el proceso, cuando no de abierta oposición. Entre otros se ha atribuido a Winston Churchill la famosa frase de "me gusta tanto Alemania que prefiero que haya dos", y fue ese principio el que pareció guiar a François Mitterrand y Margaret Thatcher en aquellas jornadas cargadas de historia.
La posibilidad de que Alemania resurgiera como líder omnipotente en Europa producía estremecimientos en París y Londres, pero Berlín ha optado desde entonces por un perfil colaborativo, buscando con ahínco amplias alianzas en el seno de la UE y extendiendo las fronteras de la Unión, aunque el ideal europeo ha sufrido importante reveses con la última crisis económica y la manera de afrontarla. La canciller Angela Merkel se ha convertido en símbolo de esa forma de hacer las cosas, como también lo fue con anterioridad, aunque no con tanta nitidez, su inmediato antecesor Gerhard Schröder.
Alemania es hoy pieza clave de la construcción europea y la estabilidad mundial, potente en lo económico y prudente en lo militar. Persisten algunas diferencias importantes entre los estados federados de las que fueron RFA y RDA, particularmente en lo que a desarrollo económico se refiere. Pero resulta innegable que en términos históricos los avances han sido gigantescos, habida cuenta del punto de partida de la Alemania comunista. El papel del país es percibido como positivo tanto en Europa como en el mundo, incluso a pesar de las críticas recibidas por su desempeño en la crisis griega y similares. La sociedad alemana está inmersa ahora en un debate sobre la forma de afrontar la mayor oleada migratoria desde 1945, y la división es patente entre quienes se sienten temerosos y quienes ven en ella una oportunidad para el progreso del país. A pesar de escándalos como el de Volkswagen, Alemania continúa siendo sinónimo de seriedad, de calidad, de buen hacer en lo económico, en lo tecnológico, en todo lo relacionado con los avances sociales. Ese prestigio, ganado a lo largo de décadas, se mantiene intacto y actúa como motor de Europa. Por eso, cinco lustros después, la reunificación alemana es una buena noticia, que llenó de esperanza a la ciudadanía europea y cerró el dolorosísimo capítulo de la Segunda Guerra Mundial, al menos en términos geográficos. La Alemania unida llegó para quedarse, para compartir liderazgo europeo con quienes apuestan decididamente por ese proceso, para ser un elemento tractor en el concierto internacional. Y con los claroscuros lógicos que afectan a cualquier país, el balance de este cuarto de siglo es muy positivo.


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