martes, 8 de septiembre de 2015

Peligro al volante

Coger el coche es un acto cotidiano carente de especial relevancia. Pero solo aparentemente. Al arrancar el motor nadie piensa en los riesgos que corre en la carretera, ni siente temor durante el recorrido a realizar. No ocurre lo mismo, por ejemplo, al montar en avión, aunque las posibilidades de siniestro son muchos menores. Conducir se ha convertido en un hábito llevado a cabo con la misma naturalidad y despreocupación con la que se pasea o se merienda. En la inmensa mayoría de los casos no hay motivo para la alarma ya que, en general, nuestra red viaria es segura y las colisiones, muy puntuales. No obstante, de forma habitual tendemos a minusvalorar la probabilidad de sufrir un accidente y aceleramos con una despreocupación que va en perjuicio de la imprescindible atención que requiere la carretera.
Los datos sobre accidentes de tráfico en Euskadi a lo largo del verano que está acabando son terribles, ya que cada vida humana perdida en el asfalto es irreemplazable y deja destrozados a los allegados. Pero es necesario contextualizar lo ocurrido para enmarcarlo en la tendencia correspondiente. Según informa la Ertzaintza, en los meses de julio y agosto han fallecido nueve personas en las carreteras vascas. Son más del doble de las cuatro de 2014 en idéntico periodo, aunque muchas menos que las 36 de 2000. La cifra de muertos en esos dos meses en Euskadi se mantuvo por encima de la treintena hasta 2003, que fueron 26, aunque al año siguiente se produjo un nuevo repunte hasta los 30. A partir de entonces la mejoría de la situación ha sido considerable: 22 en 2005, 11 en 2006, 16 en 2007 y 2008, 5 en 2009 y 2010, 15 en 2011, 5 en 2012 y 7 en 2013. El trágico balance de julio y agosto se ha trasladado este año a septiembre, con el horrible accidente acaecido el pasado fin de semana en Azpeitia que provocó la muerte de tres jóvenes cuando regresaban de fiestas de Zestoa.
En términos globales, la siniestralidad veraniega entre el 1 de julio y el 31 de agosto se ha saldado con 1.049 accidentes de tráfico. En 353 de esos accidentes ha habido víctimas (las nueve personas fallecidas ya citadas, seis hombres y tres mujeres; 56 heridas graves y 467 heridas leves), mientras que otras 696 colisiones se saldaron con daños materiales. En el mismo periodo del año pasado hubo más accidentes (1.231) pero menos víctimas (4 mortales, 43 heridas graves y 436 leves).
De lo que no cabe duda es de que la prevención de los accidentes de tráfico requiere de campañas de concienciación permanentes, de carreteras en un estado óptimo de mantenimiento y de conductores prudentes. Ponerse al volante conlleva un riesgo y para aminorarlo al máximo hay que actuar con sensatez, con responsabilidad. Nada de alcohol ni de drogas, nada de velocidades por encima de las permitidas. Conducir no es un juego y, además de la propia, son muchas las vidas que se pueden poner en riesgo por actuaciones inadecuadas. Seamos bien conscientes de ello cada vez que pongamos en marcha nuestro vehículo.

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