sábado, 26 de septiembre de 2015

Palabra de Papa

El Papa Bergoglio está revolucionando la iglesia católica. Y lo hace con una vuelta a los orígenes de la misma, con la sencillez, la humildad, la cercanía, la solidaridad y el amor por el prójimo como principales banderas. No hace falta ser católico para sentirse concernido por las palabras de Francisco, ni comulgar con ninguna ideología concreta para captar la profundidad de su mensaje. De un pontífice argentino siempre cabe esperar pasión y discursos bien elaborados. Pero el Papa actual está trascendiendo lo meramente formal para adentrarse en el fondo de las principales cuestiones que atañen al mundo globalizado contemporáneo. Nadie queda indiferente ante su forma de ver las cosas, que acerca a los que alguna vez se alejaron y hace creer a los agnósticos y descreídos. La proximidad hacia los pobres, los excluidos, los discriminados o los sufrientes debería ser siempre santo y seña de una iglesia viva, dinámica, más atenta a lo que ocurre entre los desfavorecidos que entre los poderosos.
La visita que Francisco ha llevado a cabo a Cuba y a los Estados Unidos es una especie de compendio de su filosofía pastoral. Dos países muy alejados hasta hace pocos meses están inmersos en pleno proceso de reencuentro, y el Papa ha querido contribuir a dar pasos en esa dirección. Ese afán concreto y preciso de aunar voluntades en favor de la paz y la cooperación da valor a su labor diplomática, y le convierte en un interlocutor respetado por todas las partes. En su visita a Nueva York ha hablado ante la ONU, para denunciar la manipulación interesada de la Carta del citado organismo con el objetivo de disfrazar de legalidad guerras impulsadas "con intenciones espurias". "Hay que empeñarse en un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de la no proliferación, en la letra y en el espíritu, hacia una total prohibición de estos instrumentos", ha enfatizado el Papa.
Su intervención ha girado sobre dos grandes ejes, la defensa del planeta y de los más desfavorecidos, para los que ha exigido soluciones que vayan más allá de las tradicionales declaraciones retóricas. "Un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles y con menos habilidades, ya sea por tener capacidades diferentes o porque están privados de los conocimientos e instrumentos técnicos adecuados, o poseen insuficiente capacidad de decisión política", ha resumido.
Su primera y reciente encíclica 'Laudato si' ya apuntaba en esa misma dirección, y llamaba a los políticos a centrarse en lo realmente perentorio, gobernando a favor de la gente y de la tierra. "Para qué se quiere preservar hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario?", es la pregunta que se hace el Papa en el texto. Es una interpelación muy directa, sin medias tintas, a quienes manejan el mundo hoy en día. El pontificado de Francisco marca una nueva era para la iglesia, pero también para quienes tratan de zafarse de los dilemas morales de nuestro tiempo.


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