domingo, 20 de septiembre de 2015

No olvidar el Alzheimer

Este lunes se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, enfermedad extendida ya cual plaga entre una población con una esperanza de vida cada vez mayor. En nuestro caso, se estima que son unos 45.000 los vascos que padecen este mal. Aproximadamente una de cada diez personas mayores de 65 años sufre algún tipo de demencia, y su incidencia aumenta de forma considerable con la edad. El Alzheimer es una afección neurodegenerativa que aparece en forma de deterioro cognitivo y trastornos conductuales. La pérdida de una memoria inmediata y de otras capacidades mentales se hace patente en la medida en que mueren las células nerviosas y se atrofian partes del cerebro. Aunque la media varía en función de la severidad de la enfermedad al ser diagnosticada, la duración aproximada de la misma suele ser de unos diez años. Su nombre se debe al psiquiatra y neurólogo alemán Alois Alzheimer, quien en 1906 observó por primera vez la neuropatología característica de la dolencia.
Hay algunas señales que son características del Alzheimer. Entre ellas cabe citar los cambios de memoria que dificultan la vida cotidiana, la dificultad para planificar o resolver problemas y para desempeñar tareas habituales, la desorientación de tiempo o lugar, los problemas para comprender imágenes visuales y los que surgen con el uso de palabras, la colocación de objetos fuera de lugar, la disminución del buen juicio, la pérdida de iniciativa en las actividades sociales e, incluso, los cambios súbitos de humor.
Por el momento no existe cura para el Alzheimer, aunque hay medicamentos que pueden ayudar a controlar sus síntomas y manejar la agitación, la depresión o los síntomas psicóticos que pueden aparecer conforme la enfermedad progresa. Se desconoce la causa exacta que la provoca, aunque las investigaciones en curso muestran que ciertos cambios en el cerebro conducen a su desarrollo. Existe una aparición temprana en la que los síntomas se manifiestan antes de los 60 años, pero estos casos son mucho menos comunes que los tardíos. No obstante, tienen peor pronóstico. Se cree que factores hereditarios pueden influir en los mismos y ya se han identificado varios genes. En los casos que hacen su aparición más allá de los 65 años la influencia genética está menos clara por el momento.
El Alzheimer es una enfermedad durísima también para quienes rodean al afectado en el día a día. Ver cómo un ser querido se deteriora progresiva e irreversiblemente resulta una experiencia desgarradora. Mientras las investigaciones avanzan, sólo cabe dar el mayor soporte social y médico posible a quienes la padecen de una u otra forma. En ese sentido, el Día Mundial debe servir para concienciar a la población de una realidad que afecta a todos en cierta medida y para dar impulso a aquello que sirva para paliar sus efectos. Una mayor esperanza de vida conlleva más enfermedades de este tipo, y serán necesarios múltiples recursos públicos y privados para dar pasos hacia su prevención o curación. Que a nadie se le olvide que el Alzheimer es cosa de todos.


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