jueves, 24 de septiembre de 2015

Esplendor de la cesta-punta

Entre los deportes de origen vasco la cesta-punta es, seguramente, el más universal. En su época dorada, América y Asia acogieron frontones que congregaban a un gran número de aficionados. Los puntistas se convirtieron en personajes de éxito económico y social, que salían al extranjero para volver años después a Euskadi a disfrutar de un retiro dorado. Fueron días de vino y rosas, en los que la cesta amplio horizontes hasta puntos recónditos del globo y llevó lo vasco a volandas. De ese pasado glorioso quedan múltiples ejemplos, aunque ya casi a modo de hallazgos arqueológicos. Nada es lo que fue, pero la historia sigue haciendo palpitar el presente sin perder la esperanza de un futuro más halagüeño.
El documental 'Jai Alai Blues', presentado estos días en la sección Zinemira del Zinemaldia, muestra, precisamente, el momento más dulce de uno de los frontones más emblemáticos, el de Miami. Los propios pelotaris son los grandes protagonistas de la obra, que pretende escarbar en historias humanas, con personajes de carne y hueso, en vez de ensimismarse en los grandes titulares, en los renglones imprescindibles de la historia de la cesta. El joven director vizcaíno Gorka Bilbao es el autor de la cinta y se ha centrado, sobre todo, en dar cuenta de la realidad de este deporte en las décadas de los 70 y los 80.
De ser un deporte de carácter rural la cesta pasó a ser exportada con éxito a muchos países y 'Jai Alai Blues' indaga en esa capacidad de adaptación, de traspasar fronteras y culturas y asentarse con éxito lugares remotos. Estados Unidos, México, Filipinas, Cuba e incluso China y Egipto acogieron con los brazos abiertos a la cesta-punta, y le dieron renombre internacional. Todos ellos fueron escenario de grandes enfrentamientos en la cancha, con los pelotaris convertidos en auténticos artistas y los medios de comunicación dando eco a través de sus crónicas a todas sus hazañas. Fue una etapa irrepetible, de la que en muchos casos sólo quedan frontones en ruinas y aficionados nostálgicos.
Ser vecino de Gernika ha dado al responsable del documental la posibilidad de seguir en estrecho contacto con un deporte que ahora lucha por sobrevivir. La respuesta de los aficionados ha ido mejorando en los últimos tiempos, conforme se probaban nuevas fórmulas para atraer a gente joven a frontones como el grandioso Jai Alai del municipio. A lo largo de 107 minutos, el documental es la prueba fehaciente de que la cesta-punta fue todo un acontecimiento, y diversos pelotaris ya retirados verbalizan esa etapa feliz.
El proyecto se puso en marcha desde cero, sin ningún tipo de documentación, y fue creciendo y adquiriendo entidad a lo largo de los tres años y medio en los que se ha completado. La posibilidad de presentarlo en el Festival de Cine es la culminación de un trabajo llevado a cabo con dedicación y entusiasmo. La historia de la cesta-punta es también parte de la historia de los vascos, de sus avatares en diversas partes del mundo, de su deseo de llevar sus tradiciones allá donde iban y de compartirlas con los lugareños. En definitiva, de mostrarse ante los demás con el respaldo y la autenticidad de una cultura milenaria.

 

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