domingo, 6 de septiembre de 2015

Economía y política

Son dos ámbitos íntimamente ligados y se condicionan entre sí. La política padece si la economía no marcha bien, y viceversa. Desde el poder ejecutivo se adoptan múltiples medidas económicas en función del contexto concreto, no siempre impulsadas por el programa aprobado por los electores sino por un mero instinto de supervivencia. Los meses anteriores a las elecciones son un buen ejemplo de ello, cuando la ortodoxia contable se relaja y el dinero sirve para satisfacer a quienes tienen que optar en las urnas. Se trata de parecer más amigable, de hacer olvidar tropiezos, incumplimientos o torpezas, de mostrar empatía financiera hacia el sufrido administrado. Los políticos son conscientes de que el bolsillo es la parte más sensible de los ciudadanos, aquella que determina la opción electoral en la que confiar.
España está a pocos meses de acabar la presente legislatura. Ha sido un tiempo difícil en lo económico, con un paro desbocado y una intervención de la troika que en su momento parecía inevitable y se evitó de chiripa. El control del déficit público sigue siendo una de las asignaturas pendientes, pero el riesgo de hundimiento en el abismo ha pasado, el paro baja aunque sea gracias a una gran parte de nuevos contratos que llevan la temporalidad al límite y la economía va saliendo del profundo agujero en el que estaba postrada. No obstante, nadie puede cantar victoria, porque las crisis ya no se resuelven solo a nivel estatal. La creciente interdependencia económica ha generado nuevas formas de recesión, vinculadas a factores que requieren de la coordinación multinacional para ser controlados.
En este contexto, el Gobierno está aflojando muchas de las políticas implementadas en los últimos tiempos, con el objetivo de pasar el examen electoral con buena nota. No cabe duda de que el mayor esfuerzo para no perecer en la crisis ha recaído en la propia sociedad, desgastando al máximo su capacidad de resistencia. Por eso son bienvenidas las medidas de signo contrario, las que pretendan devolver a los ciudadanos parte de lo perdido en el camino. El Consejo de Ministros del pasado viernes decidió dar el primer paso para hacer llegar a los funcionarios una cuarta parte de la paga extra suprimida en 2012, echando mano para tal fin de un suplemento de crédito. Además, se recuperarán los días libres suprimidos por el Ejecutivo en el año mencionado, así como los permisos otorgados en virtud de la antigüedad, y se ha anunciado una subida del 1% en el salario de los empleados públicos, después de cinco ejercicios de congelación y una bajada anterior del 5%. Pero los gestos del Gobierno no se limitan a los funcionarios. El adelanto de la rebaja del IRPF prevista para 2016 a julio del presente año es otra muestra de ello.
Quedan por ver los efectos de estas medidas y otras similares en el ánimo de los ciudadanos. Los últimos años han sido extremadamente difíciles, de penurias sin precedentes para las generaciones que no conocieron la inmediata posguerra. Lo esencial es que la política siga siendo útil a la economía con el objetivo de aumentar los niveles de bienestar social. A partir de ahí serán los ciudadanos los que opten entre los modelos en juego, analizando al detalle la trayectoria y capacidad de cada uno de los contendientes para resolver los problemas de fondo, más allá de las coyunturas.

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