lunes, 3 de agosto de 2015

Cuatro años

El paro sigue siendo uno de los problemas fundamentales en España. Por mucho que mejoren los indicadores macroeconómicos, el ejército de desempleados es el mayor recordatorio de todo lo que queda por hacer. Para que la recuperación económica sea una realidad plena, es imprescindible que la bonanza se deje notar en el día a día de los ciudadanos más desfavorecidos. Y, por el momento, los parados de larga duración son una auténtica legión, soportando una situación insostenible y sin visos de mejora a corto plazo. Algunos datos que se han dado a conocer en los últimos días corroboran la situación de emergencia social que padece muchas familias.
Por ejemplo, más de 1,2 millones de trabajadores llevan cuatro o más años en paro, y es un colectivo que no deja de crecer. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), los componentes de este grupo, el que tiene más difícil volver al mercado de trabajo, se han multiplicado por doce desde el arranque de la crisis. Además, 180.000 personas viven en una situación especialmente dramática, ya que en sus hogares nadie trabaja ni recibe ningún tipo de ingreso. De quienes llevan cuatro o más años en el desempleo, poco más del 21% recibe algún tipo de ayuda. Pero esta cifra disfraza otra que también perfila lo ocurrido desde 2008: un 28,3% de los parados varones de muy larga duración recibe algún tipo de prestación pública, mientras que entre las mujeres son sólo el 14,9%. Por tanto, entre los propios desempleados existe una discriminación de género. El porcentaje de parados que reciben ayuda del Ministerio de Empleo crece con la edad. Así, son los mayores, los que van de 55 a 64 años, los más protegidos, algo lógico habida cuenta de que son quienes llevan más tiempo en el mercado de trabajo.
La situación no ha hecho sino agravarse para los parados de larga duración. En 2008 el 77% de quienes no tenían empleo estaban un año o menos en esa situación, y sumaban 1,8 millones. Los que estaban en la peor situación eran sólo el 7,3%, algo más de 115.000 personas. El paso del tiempo ha resultado fatídico, hasta llegar al contexto actual. Urge, por tanto, la adopción de medidas que palíen el drama de este numeroso colectivo, el más perjudicado tras tantos años de recesión. La posibilidad de reengancharse al mercado de trabajo disminuye con el paso del tiempo y resulta imprescindible poner el foco sobre quienes llevan tanto tiempo en la orilla del empleo. Es una cuestión de justicia social, de no dejar a nadie abandonado a su suerte ahora que empiezan a notarse los efectos benéficos de una cierta reactivación económica. Las cifras positivas no pueden ocultar una realidad tan preocupante a la que hay que dar respuesta cuanto antes. No se trata de un problema que afecte a unos pocos. Son muchísimas familias las que siguen sufriendo, las que se hallan en la más profunda desesperanza. La recuperación real pasa por rescatar a todas ellas del pozo en que se encuentran.

  

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