lunes, 20 de julio de 2015

Fiestas respetuosas

El verano llega siempre plagado de fiestas, de múltiples posibilidades para divertirse. Las largas noches de los meses que van de junio a septiembre son el mejor escenario para elegir un pueblo que esté ensalzando a su patrón y sumergirse en la vorágine de conciertos, txosnas, fuegos artificiales y demás actos. Participar de la algarabía colectiva y disfrutar del ambiente es uno de los ingredientes del estío, uno de los elementos que lo singulariza, que le da personalidad. El calor hace más agradable permanecer a pie de calle, descubrir nuevas actividades y compartirlas con el mayor número posible de aquellos que también persiguen los innumerables atractivos de la noche. Eso requiere unas pautas básicas de comportamiento, ajenas a ser causante de problemas, a no saber respetar al prójimo.
Algo tan obvio no sucede siempre. Las crónicas periodísticas vienen aderezadas en más de una ocasión con peleas, agresiones sexuales o vejaciones motivadas por la orientación sexual de las personas. Las bebidas o las sustancias consumidas sacan a relucir lo peor de muchos de quienes se adentran en el espacio festivo. Pero jamás debe permitirse que la fiesta suponga menoscabo de los derechos más básicos. Es necesario permanecer muy alerta para que impere el respeto, para que todo el mundo pueda disfrutar sin miedo a que cualquier desaprensivo le ataque. A pesar de ser el nuestro un país tolerante, aún queda camino para llegar a erradicar comportamientos incívicos o directamente delictivos desplegados en el marco de muchas fiestas patronales.
Hay que avanzar en el respeto más escrupuloso hacia la mujer y hacia todos aquellos que sienten de una manera diferente a la de la mayoría. Los ataques recurrentes producidos cada verano no son sino el reflejo de pulsiones alimentadas de forma continuada, de intolerancia, de desequilibrios y de complejos. Debe haber tolerancia cero ante este tipo de manifestaciones, protegiendo a quienes son objeto de cualquier agresión, desterrando del ámbito festivo a todos los que no saben que la fiesta es diversión respetuosa, vivir y dejar vivir.    
Resulta muy triste tener que seguir en los medios de comunicación las noticias que cada verano nos hablan de chicas vejadas o de parejas del mismo sexo insultadas por mostrar en público sus sentimientos. Todas las fuerzas de seguridad y las administraciones públicas debe seguir trabajando hasta atajar de raíz este tipo de conductas. Para que las festivas noches de verano se llenen de risas y gozo, no de llantos y drama. Saber divertirse es uno de los rasgos de los ciudadanos de este país, dar a la vida un sentido pleno, compartido con quienes nos rodean. Que las fiestas no sean una excepción es responsabilidad de todos, porque cada ataque sexista o fóbico también nos atañe y nos interpela a cada uno de nosotros.


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