lunes, 8 de junio de 2015

Trabajo fugaz

La progresiva mejora de la economía y, por ende, del mercado laboral parece tener por ahora poca fortaleza. La coyuntura internacional ayuda sobremanera, con un euro a la baja frente al dólar y un petróleo mucho más asequible que en los últimos años. En todo caso, tampoco hay que despreciar en absoluto el nuevo ciclo de ligera bonanza que llega tras un lustro largo de amargura. Una de las críticas más recurrentes frente al optimismo del Gobierno español en materia de creación de puestos de trabajo es la que hace referencia a la precariedad de los nuevos contratos que se firman. Y los datos dan la razón a quienes se muestran muy cautelosos frente a las dinámicas del mercado laboral. De hecho, uno de cada cuatro contratos de reciente creación duran una semana o menos. Es la temporalidad llevada al límite.
En mayo, sólo el 7,9% de los contratos firmados eran indefinidos. Y no se trata de un dato aislado, sino de la tónica general en lo que a contratación se refiere. Hasta abril, el 24,4% de todos los contratos laborales suscritos a duras penas llegaban a una semana de duración. En concreto, eran 1.133.837 de un total de 5.476.901, tomando en consideración tanto temporales como fijos. Por si fuera poco, un contrato no es sinónimo de trabajo. La estadística de contratos es un mero flujo en el que se suman los contratos ultracortos (incluso de una hora), los muy cortos, los cortos, los de una duración determinada y los fijos.
La comparación con los años anteriores a la crisis produce verdadera desazón. En 2006 los contratos de una semana o menos representaban el 14,7% y al año siguiente esta cifra creció ligeramente, hasta situarse en el 15,1%. Desde entonces no ha parado de ir hacia arriba, hasta sumar casi el 25% en la actualidad. La duración media de los contratos a tiempo parcial era hace nueve años de 84,4 días y en la actualidad es de 56,6.
Estas cifras dan cuenta del verdadero nivel de dinamismo del mercado laboral español y de sus problemas incluso en momentos de recuperación macroeconómica. Se crea empleo, sí, pero de duración muy limitada, lo cual no deja de ser un grave problema. Siempre es mejor que se cree empleo a que se destruya, pero no debe obviarse la existencia de una asignatura pendiente en cuanto a desempleo, lo cual es evidente, pero también en lo que a estabilidad laboral se refiere. La recuperación real pasa por mejorar de forma clara y contundente en ambos apartados.

  

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