viernes, 26 de junio de 2015

De Chernobil a Euskadi

Desde hace dos décadas, niños del área de Chernobil pasan parte de sus vacaciones de verano en Euskadi. A comienzos de semana llegó al aeropuerto de Loiu un grupo compuesto por 281 menores. De ellos 92 se quedarán en Bizkaia, 18 por primera vez. Tras este gesto solidario se encuentra Txernobil Elkartea, asociación que agrupa a padres y madres que acogen a chavales que necesitan un respiro alejándose en el período estival de un país que sigue sufriendo las consecuencias de la catástrofe nuclear de 1986 y que vive, además, en estado de guerra. La Organización Mundial de la Salud recomendó en su día que los niños y jóvenes del área más cercana a la central nuclear en la que se produjo la hecatombe pasen al menos 40 días al año alejados de esa zona, para mejorar su estado de salud.
Resulta conmovedor ser testigo de la felicidad de los chavales que llegan de Ucrania a pasar unas semanas en Euskadi. Las familias que los acogen se desviven por ellos, y se han establecido lazos que son ya prácticamente familiares. La solidaridad de palabra no sirve de nada si no va acompañada de hechos concretos, y eso es exactamente lo que estos grupos de padres llevan a la práctica. Pocas cosas son más reconfortantes que ayudar a niños con problemas, del tipo que sean. Los de Chernobil reflejan en sus caras su alegría por visitar Euskadi, y el agradecimiento por el trato que reciben de quienes les esperan con verdadera ansia y emoción. Llegan días de divertirse en la playa o en la montaña, de respirar vida, de compartir vivencias con chicos y chicas de su edad, de cerciorarse de su estado de salud, de comportarse como lo que son con la máxima despreocupación posible.
Euskadi es un país con muchísima gente comprometida a través de Organizaciones No Gubernamentales para hacer de la solidaridad una herramienta de cambio, de mejora de la realidad. El bienestar sólo sirve de forma plena si es para compartirlo con quienes más necesitados están. Y en ello se afanan, entre otros, los miembros de la Asociación Chernobil, cuya labor es digna de todos los elogios. Todavía impresionan las noticias que llegan de aquella parte de Ucrania, dando cuenta de las devastadoras consecuencias del desastre nuclear. Desgraciadamente, no fue algo que se pueda encapsular en el tiempo y en el espacio. Sus consecuencias se harán notar durante un larguísimo período y afectarán a muchas generaciones. Atenuar esos efectos todo lo que sea humanamente posible es lo que hacen las familias vascas que acogen a estos niños. Cada sonrisa que reciben, cada gesto de cariño hace que todo merezca la pena. Los niños en situaciones difíciles siempre son especialmente conscientes de cada detalle hacia ellos. Por eso quienes los acogen reciben mucho más de lo que dan. Y eso que su compromiso solidario es grandioso.

  

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