viernes, 29 de mayo de 2015

La Copa del Athletic

Tras más de cien años de historia jalonada de gloria y devoción popular, es muy difícil ser original al hablar del Athletic. Se puede reiterar que es un club de fútbol modesto, con profundas convicciones deportivas, no siempre presentes en el frontispicio de todos los equipos de élite, que es de raíces populares particularmente profundas, que sólo juega con jugadores vascos o del entorno más próximo y que incluso así tiene un historial envidiable, de primerísimo nivel. Sería legítimo repetir que pertenece al triunvirato que siempre ha permanecido en Primera, que ha dado jugadores inigualables, que posee una estructura de cantera que es la envidia de muchos. La lista de motivos para el orgullo es larga, interminable. Y, aún así, viendo la movilización de la sociedad vizcaína de cara a la final de Copa contra el Barcelona, todo parece quedarse corto. La auténtica riada de gente que puebla las calles y avenidas de la capital de Catalunya, la movilización que se producirá a la hora del partido en cada pueblo de Bizkaia o las miles de banderolas colgadas en todo tipo de edificios públicos y particulares a lo largo y ancho del territorio, dan fe de que al Athletic se le queda raquítica la denominación de club de fútbol. Es mucho más que eso. Muchísimo más.
El equipo bilbaíno parte con la etiqueta de víctima propiciatoria frente al todopoderoso Barcelona. Juega en el terreno del rival, en el momento más dulce de los entrenados por Luis Enrique. De hecho, los blaugranas tienen al alcance de la mano el triplete soñado por cualquier equipo: Liga, Copa y Champions League. Al Athletic le queda apelar a sus armas de siempre: la garra, la ambición, la comunión con su afición, el espíritu de lucha, el orgullo, la evocación de su historia. Es, además, un grupo con calidad, con plena capacidad para dar la campanada ante cualquiera. Hay motivos para conservar la fe, a pesar de la dificultad de la empresa. No se trata de puro voluntarismo, de saberse perdedor antes del pitido inicial. Bien al contrario, hay motivos fundados para la esperanza, para soñar con ver la gabarra recorriendo la ría con decenas de miles de personas saludando en los márgenes al paso de la Copa y de quienes la han traído a casa.
Bizkaia entera se paralizará cuando el árbitro indique que es el momento de poner el balón en juego. Es la verdadera fortaleza del Athletic, la de todo un territorio volcado con sus jugadores, con el corazón en un puño, una emoción incontrolable y una devoción sin igual. Pocos equipos consiguen un vínculo tan íntimo con sus seguidores, llegar tan profundamente, con tanta verdad. El fútbol es cada vez más un negocio en manos de unos pocos. Los equipos se llenan de profesionales que distinguen sus colores con dificultad y que sólo se mueven a golpe de billetera. Los del Athletic saben muy bien quiénes son, a quién representan y qué valores les guían. Es lo que hace única la pasión desbordante de los aficionados rojiblancos, lo que convierte en singular a una institución sentida como propia por todos los vizcaínos. Pase lo que pase, aupa Athletic!

 

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